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Era el año 1896, y en el mes de mayo, cuando
un entusiasta grupo de festeros, deseosos de formar parte en la
fiesta, decidieron aportar un granito de arena creando una nueva
comparsa. La decisión final era en qué bando se agrupaban y qué
clase de comparsa formaban. Ahí no cabe duda de que influyó las
relaciones comerciales que uno de ellos, Ramón Vera “El Corretger”,
mantenía en diferentes poblaciones como Ontinyent, Villena y Castalla,
ya que por su profesión de artesano talabartero visitaba muy a menudo
dichas poblaciones, en los que a pesar de ser pueblos del interior,
en sus fiestas de Moros y Cristianos existía, y con bastante tradición,
una peculiar comparsa como es la de Marinos, idea que trajo a Petrer
el “tío Corretger” y que transmitió a esos entusiastas festeros
que hicieron posible que ese mismo año naciera una nueva comparsa,
la de Marinos.
Once fueron las personas
que en esos momentos decidieron fundar esta comparsa de Marinos
y así, el mismo día 15 de mayo del citado año 1896 y en el último
acto de las fiestas que se estaban celebrando, o sea en el correspondiente
a la bajada de la ermita de los nuevos cargos festeros, y cogiendo
prestado de la comparsa de Vizcaínos unos cuantos músicos de la
banda de Agost (10 músicos, según indicaba en su día uno de los
fundadores, el “tío Hereu”), y haciendo gala de su gran sentimiento
y entusiasmo festero, hicieron su aparición en nuestras fiestas
de Moros y Cristianos. Una aparición que hoy, después de cien años
de participar en las mismas, hace que la comparsa de Marinos sea
una de las más sólidas de nuestra fiesta. Las once personas que
hicieron posible que hoy podamos escribir este artículo sobre la
historia de los Marinos en nuestra fiesta fueron las siguientes:
Ramón Vera, “el Corretger”; Francisco Mollá, “Paco el Hereu”; Facundo
Miralles, “tío Facundo”; Vicente Montesinos, “Vicentot”; Juan Butista
Montesinos, “coixo tofolet”; Juan Bautista Maestre, “tío Barró”;
Joaquín Castelló, “tendeta”; Antonio Navarro, “tío Cristo”; Pepe
Bernabeu, “tío Pruno”; Juan Bautista Maestre, “el guaso”; y, Santiago
Maestre, “caldereta”; once festeros que, a pesar de los diversos
avatares que todo inicio conlleva, hicieron con su entusiasmo una
comparsa alegre y de espíritu familiar. Espíritu que hoy mismo y
después de cien años aún se transmite dentro de su seno; no en balde
familias como las de Vera, Cristos y Mangas, sucesores estos últimos
del “tío Pruno”, son pilares básicos en la actualidad en nuestra
comparsa de Marinos.
Aunque no haya documento
que así lo señale lo cierto es que, prácticamente desde los primeros
años de su fundación, la comparsa ya pasó a tener su símbolo más
característico: el barco, que si bien en sus inicios se trataba
de una nave pequeña provista de ruedas, y que siempre repleta de
los pequeños Marineros dirigía a la comparsa en los principales
actos tales como la entrada y las procesiones, el mismo cambió varias
veces de forma, hasta que en el año 1956 se construyó el barco que
actualmente tiene la comparsa, un galeón estilo siglo XIV con el
nombre de “San Bonifacio” y bajo el mando del veterano festero Antonio
Navarro “el Cristo”, heredero directo del “tío Cristo”, uno de los
fundadores de la comparsa y al que siempre se conoció al mando de
la nave.
Todo hace señalar que
la comparsa con todas las vicisitudes posibles estuvo participando
hasta el mismo año 1930, ya que a partir de ahí y durante algunos
años, a consecuencia de los acontecimientos políticos ocurridos
en nuestro país, deja de participar en las fiestas, unas veces a
consecuencia de no celebrarse las mismas y otras veces, como ocurrió
en los años 1934, 1935 y 1940, en los que si bien el resto de comparsas
sí las celebran los Marinos, por falta de organización, no participan
en ellas, aunque en el año 1935 y a la bajada de los nuevos cargos
festeros con vistas a la fiesta del siguiente año 1936, la comparsa
vuelve a bajar con la capitanía completa, formada por los hermanos
José María Bernabeu Cortés, como capitán y Maruja Bernabeu Cortés,
como abanderada, no llegando a fructificar la nueva reaparición
de la comparsa debido al inicio de la contienda civil por la que
pasó nuestro país, por lo que hasta el año 1940 no se reanudaron
las fiestas, si bien no es hasta el siguiente año, o sea el 1941,
cuando la comparsa de Marinos reaparece de nuevo y con las fuerzas
suficientes para ya no dejar de estar presentes en nuestras queridas
fiestas hasta las fechas en que nos encontramos.
Es a partir del año
1957 cuando los datos son más fluidos y es en aquellos años en la
comparsa muy tradicional organizar excursiones, con el fin de recaudar
fondos y al mismo tiempo fomentar la familiaridad de sus componentes,
unas veces a las playas y otras a distintos puntos de la geografía
nacional como Andalucía o Segovia. Por la misma época, y durante
los años 1954 al 1963, la comparsa siempre tuvo como música oficial
a la de Monóvar, lo que influyó en una fuerte relación de amistad
entre las dos poblaciones, convirtiéndose en alguna ocasión en familiar.
También durante estos
años de esplendor es cuando la comparsa decide a contar con un local
social propio, no hay que olvidar, tal como se transcribe en artículo
aparte, que la comparsa siempre se reunía en esos momentos en la
casa de la tía “Porcela” y anteriormente en la casa de los Veras,
al igual que algún otro domicilio eventual. En el año 1959, la directiva
correspondiente decide hacer una serie de rifas con el fin de recaudar
fondos para la adquisición del citado local, en un solar sito en
el Merendero cedido por el Excmo. Ayuntamiento, siendo desde ese
momento y hasta la actualidad la sede social de los Marineros.
En aquellos años comprendidos
entre el 1941 y últimos de la década de los años sesenta, la comparsa
se distinguía en las fiestas por su forma de desfilar en bloque,
donde predominaba el traje azul marino, fiel reflejo de la Marina
española, comandados por el grupo de almirantes o “fila de blancs”,
siendo muy admirados los famosos “caracoles” que realizaban en diferentes
tramos de la entrada, sobre todo a la altura de la tribuna municipal,
destacándose también la nutrida participación femenina y que hacía
a la comparsa pionera de la actuación de la mujer en la fiesta,
aunque en estos primeros años también lo hacían en bloque luciendo
un traje-pantalón de color blanco y bastante parecido al masculino.
Así se destaca que en el año 1957, en un desfile en Alicante con
motivo del desfile provincial, participen junto a la fila de hombres
de la comparsa un grupo de siete mujeres marineras. También cabe
destacar que los Marineros fuera la primera comparsa que contara
con una fila de mujeres con traje festero femenino, éste fue el
caso de la fila las Pescadoras que salió a la fiesta en el año 1964.
Es durante este período cuando la comparsa en el día de las Banderas
se hacía acompañar por el carro de la sardineta y por el botijo
“Pepito”, figuras estelares de los Marineros. El carro de la sardineta
se construyó con un carro de llevar la “faena” de zapatos a la fábrica,
y en él iba asando sardinetas y repartiéndolas entre los festeros
y público en general, al igual que el “Pepito”, un botijo con la
decoración de un marinero y que se fabricó en la alfarería de Miguel,
portando aguardiente para ofrendar a los que se comían la sardineta.
Tanto el carro como el botijo desaparecieron cuando la Unión de
Festejos dejó de permitir las bebidas durante el acto del día de
las Banderas.
La década de los ochenta
es cuando la renovación de la comparsa empieza a dar fruto con la
incorporación cada vez más numerosa de gente joven, siguiendo la
pauta de los más veteranos, consiguen que en la actualidad los Marinos
de Petrer sean admirados por el resto de la fiesta por la gran familiaridad
con que desarrollan todos los actos en que participan. Una prueba
de ello son los actos que se celebran con motivo del “mig any fester”
todos los años sobre los meses de octubre-noviembre. Actos que se
iniciaron en el año 1987 y que consiguen que, durante las jornadas
en que tienen lugar las actividades, los comparsistas sigan fomentando
el espíritu familiar de la comparsa. Los actos que se vienen celebrando
durante esta celebración son juegos de salón, como dominó, secayó
y parchís y otras actividades al aire libre como los concursos de
gachamigas y paellas a los campeonatos de petanca, así como las
actividades dirigidas a los más menudos, como los concursos de dibujo
festero y los diferentes juegos infantiles. Con una cena-festera,
donde se aprovecha para entregar los premios ganados en las diferentes
jornadas de convivencia, y donde toda la comparsa rinde un cálido
homenaje a los correspondientes cargos festeros que han pasado por
la comparsa en las anteriores fiestas, se dan por finalizados los
actos del “mig any fester”.
En el año 1988 es cuando
la comparsa, en asamblea general, decide formar una comisión que
se encargase de ir recopilando datos y dinero para cuando llegara
el momento de celebrar el primer Centenario de la comparsa. Varios
son los comparsistas que han pasado por la citada comisión durante
estos años, lo que ha permitido que en estos momentos y con la presentación
del libro los Marinos podamos dar por cerrada esta importante efeméride.
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